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Carta de la Directora medico del Hospital de la Fraternidad

De nuevo toca hacer el resumen de todo un año… Increíblemente ya han pasado doce meses desde la última vez… Doce meses en los que he vivido intensamente cada día, sabiendo cuando comenzaba, pero no cuando terminaba, haciendo en el día mil cosas distintas.
Ha sido un año difícil para la gente que vive en Mauritania, difícil por la falta de turismo, difícil por los movimientos políticos constantes, difícil por las amenazas de bloqueo de las ayudas económicas…. Todos han tenido que buscarse nuevas maneras de ganarse la vida para poder sobrevivir.

Son tiempos difíciles, pero ellos no pierden su alegría, sus ganas de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida que nosotros en nuestro mundo de prisas y metas por cumplir muchas veces olvidamos. Si se trata de disfrutar de una hora y media de tres vasos de té, por qué no, es una manera de pasar el tiempo en compañía, de compartir historias, preocupaciones, reponer fuerzas y continuar el día. A pesar de tener una cultura tan diferente, en costumbres, religión, en el fondo te das cuenta, cuando convives día a día con ellos, que no lo somos tanto y nuestros sueños son los mismos, nuestras esperanzas y miedos son muy parecidos.
Personalmente ha sido una de las mejores épocas de mi vida, me he sentido como en casa, en ningún momento me he sentido como una “extranjera”. No he parado de recibir día tras día de los pacientes, de los compañeros de trabajo, de los pequeños que cada día nos acompañan en casa o en la calle…, de la viejecita que vende el pan, del carnicero o el tendero con los que me paraba a hablar a diario… Me siento en parte un poco egoísta porque he recibido mil veces más de lo que he podido dar.

El mérito de cada uno de los que trabajan tanto aquí como en España es que el hospital funcione, que siga adelante, pese a todas las dificultades que puedan presentarse en el camino, siempre buscando rutas alternativas…
No es un país fácil en el que trabajar y colaborar, y no es sólo mi opinión, sino que es una opinión común de muchas de las ONGs que trabajan aquí. Pero el trabajo del hospital tiene una utilidad concreta, se ven los resultados día a día, pese a todas las dificultades. Uno no se puede imaginar a veces el poco valor que tiene la vida humana, la ignorancia de la persona como tal…, hasta que vives lo que viven ellos realmente…
Meterme en la piel de una mujer, o un hombre que acude a un hospital mauritano ha sido una de las experiencias que más me han impresionado en el tiempo que llevo aquí. Siendo mero acompañante, he sentido la dejadez total, el desinterés absoluto por el dolor y el sufrimiento. La gente de este país está completamente abandonada en lo que se refiere a temas sanitarios. La corrupción, los hospitales que se caen a pedazos o desvalijados porque alguien se ha llevado todo el material, personal que no cumple con sus horarios, o simplemente han abandonado su puesto de trabajo porque nadie le controla, reflejan el caos total y la situación no parece que vaya a cambiar a corto plazo.
Quiero agradecer a la Fundación la oportunidad que me ha dado de venir hasta Chinguetti y trabajar durante muchos meses con ellos e intentar que esta situación cambie, mejorando en lo posible la atención sanitaria de la gente que vive en Chinguetti, los pueblos del alrededor y los que no están tan cerca.

En cierta ocasión un enfermero del hospital me dijo que aunque no lo nos demos cuenta, mantenemos la esperanza de que un día todo puede cambiar. Sólo por eso, merece la pena estar aquí y todo el esfuerzo de tanta gente que está detrás de este proyecto.

Gracias por ser mi familia durante estos meses, gracias por todo el calor, por darme tantas cosas que no puedo plasmar con las palabras adecuadas…, porque no reflejarían todo lo que he sentido…








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